Los cambios en los hábitos influyen directamente en la forma en que la sociedad se relaciona con el consumo excesivo. Muchas ciudades y países se vinculan con la tecnología, buscando favorecer la evolución de la idea de cuidar bien del planeta.

Algunos ejemplos a seguir:

Alemania es líder mundial en tecnologías y políticas de residuos sólidos y posee los índices de reaprovechamiento más elevados del mundo. Es una cultura establecida y arraigada en la sociedad alemana. En 1970, Alemania tenía cerca de 50 mil vertederos y rellenos sanitarios. Hoy, son menos de 200. La cadena productiva de residuos emplea más de 250 mil personas. Se estima que el 13% de los productos comprados por la industria alemana son fabricados a partir de materias primas recicladas. Varias universidades ofrecen formación en gestión de residuos, además de cursos técnicos profesionales.

Junto con el crecimiento económico del país, Japón se enfrentó al desafío de hallar una disposición final para la basura. Gracias a una serie de iniciativas, algunas con medio siglo de antigüedad, Japón es uno de los países más avanzados en este campo. En el año 1970, entró en vigor la Ley de Gestión de Residuos, primer paso en dirección al sistema actual, que involucra a toda la cadena de producción y disposición final de la basura, vista desde los conceptos de reducción, reciclaje y reutilización. El transporte se ha ido mejorando, con un sistema de estaciones de transferencia, donde la basura pasa de camiones pequeños o medianos a vehículos recolectores más grandes, después de ser comprimida.

Suecia, tiene una producción relativamente alta de basura. Por eso, la gestión de residuos sólidos viene siendo vista, desde hace décadas, como una prioridad de las autoridades. Una de las  iniciativas más innovadoras comenzó en 1961. En Estocolmo, la capital, donde 100% de los domicilios cuentan con recolección selectiva, las residencias atendidas por el sistema Envac disponen de botes de basura conectados a una red de tubos que conducen los residuos a un área de recolección. Un sensor instalado percibe que el bote está lleno. La basura se succiona al vacío y se transporta al sitio de acumulación de residuos, donde se lleva a cabo la recolección selectiva.

En la ciudad de San Francisco (EE.UU.), 350 mil domicilios y 65 mil establecimientos comerciales participan de la recolección selectiva y de programas de compostaje y reciclaje. El objetivo establecido por la ciudad es poner en cero, para el 2020, el envío de residuos sólidos a los vertederos. Esta jornada, iniciada en 1989, incluye estrategias esenciales. La alcaldía invirtió en la educación ambiental, enseñándoles a todos, desde los niños hasta los comerciantes, de qué manera se debe separar la basura y las técnicas de reciclaje. Y en la investigación, para encontrar nuevas tecnologías que permitan la reutilización de los materiales descartados por parte de la población. La ciudad también implementó programas de reciclaje y compostaje de casi todos los residuos producidos, introduciendo incentivos económicos: quien hace más compostaje paga una menor tasa de residuos.

La reorientación de la tecnología para gestionar la recolección de residuos permite que se priorice en las llamadas tecnologías limpias, tecnologías que posibilitan la sustitución de materias primas contaminantes, la modernización y optimización de procesos industriales y el ahorro de energía. Además, posibilitan el cambio de visión con respecto a los residuos sólidos industriales, que dejan de ser vistos como algo sin valor económico y sin utilidad, a verse como materiales que pueden ser reutilizados y reaprovechados.

La recolección selectiva se torna uno de los programas de gran importancia en la gestión de residuos. El ciudadano, sin importar su origen o influencia económica, comienza a asumir efectivamente su papel en la relación con la colectividad y con la sustentabilidad.

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